Conocido como Pok Ta Pok o Ulama, el juego de pelota mesoamericano fue mucho más que una competencia física. Su práctica se extendió a lo largo de los tres mil años de historia precolombina y estuvo cargada de simbolismo religioso, político y cósmico.
Un ritual compartido por muchas culturas
Prácticamente todas las civilizaciones mesoamericanas —olmecas, mayas, zapotecas, toltecas y mexicas, entre otras— practicaron alguna variante del juego. Se disputaba en canchas con forma de “I”, donde los jugadores golpeaban una pesada pelota de hule con las caderas, sin usar manos ni pies.
Entre el mito y el poder
Para muchos pueblos, el movimiento de la pelota representaba el recorrido de los astros, y el juego evocaba la lucha entre el día y la noche o entre la vida y la muerte. En ciertos contextos, el ritual culminaba con sacrificios. También funcionaba como mecanismo político: podía resolver disputas o sellar alianzas entre señoríos.
Huellas en la colección
El museo conserva testimonios del juego repartidos en varias salas: los aros de piedra por donde debía pasar la pelota, exhibidos en la Sala Mexica; y el complejo “yugo-palma-hacha” de la Costa del Golfo, objetos ceremoniales tallados en piedra vinculados al juego y a los ritos funerarios.
Una cancha en el jardín
En el jardín de la Sala Tolteca se encuentra una réplica de una cancha prehispánica, construida a la mitad de la escala original. Recorrerla ayuda a imaginar las dimensiones y la intensidad de este juego milenario.