Antes de ser una colección, el Museo Nacional de Antropología es un edificio memorable. Inaugurado el 17 de septiembre de 1964, es una de las obras más celebradas de la arquitectura moderna mexicana, y su diseño está tan pensado como las piezas que resguarda.
Una obra de 19 meses
El proyecto fue encargado por el presidente Adolfo López Mateos y coordinado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, con la colaboración de Rafael Mijares y Jorge Campuzano. Construido en el Bosque de Chapultepec entre 1963 y 1964, su edificación tomó apenas 19 meses. La sede anterior estaba en la antigua Casa de Moneda, en el Centro Histórico.
El paraguas y el patio central
El elemento más reconocible del museo es “el paraguas”: una enorme cubierta de 84 por 54 metros sostenida por una sola columna de bronce, diseñada por el escultor José Chávez Morado. Protege el patio central, cuyo diseño se inspira en la solución abierta de la arquitectura maya, en particular en el Cuadrángulo de las Monjas de Uxmal. El estanque frente a la Sala Mexica evoca el pasado lacustre de Tenochtitlan.
Detalles con significado
Cada elemento del edificio dialoga con las culturas que exhibe. La celosía de la planta alta, obra de Manuel Felguérez, reinterpreta una serpiente geometrizada en aluminio, evocando la arquitectura Puuc. Las salas incluso varían de altura: 3.5 metros en las secciones introductorias y 6 metros en las dedicadas a las grandes civilizaciones, como la maya y la mexica.
El guardián de la entrada
Frente al museo, sobre Paseo de la Reforma, recibe a los visitantes el Monolito de Tláloc, escultura teotihuacana del dios de la lluvia de más de siete metros y unas 165 toneladas. Fue trasladado desde Coatlinchan, en el Estado de México, en una operación monumental que se volvió leyenda urbana en la capital.